Para Miguel, niño de mar. Naciste un noviembre hace ocho años. Me hubiera gustado recibirte con la madurez necesaria para no llorar junto a ti por las noches. No será un secreto -porque no pienso tenerlos contigo- el que no llegaste bajo lo que se consideran las condiciones óptimas para comenzar una familia. No, no te recibimos con el cobertor a juego con las cortinas, tampoco con el sofisticado monitor de camarita, mucho menos con una enfermera calificada para registrar tu temperatura cada dos horas. No tuviste nada de eso al debutar en la vida. En cambio, instantáneamente recibiste el amor de tus padres, abuelos, tíos y de nuestros amigos. Maduramos juntos. Mientras tu aprendías a comer, hablar y caminar, yo he hecho lo propio convirtiéndome en mujer. Quisiera mentirte y decir que el proceso ha sido fácil, pero no creo en el amor basado en el engaño.
Miguel, conserva tu bondad, tu permanente demanda de cariño, tus ojos grandes y sinceros, la voz suave, el alma transparente, el sentido del humor, tu inocencia y a la vez, tus ganas de conocer. Que el miedo no exista en el vocabulario de tu vida. Recuerda que sólo se ganan aquellas batallas que hayas decidido pelear.
No me debes nada y estoy preparándome para dejarte volar cuando sientas que llegó la hora. Haré lo que me toca para que tengas la oportunidad de recorrer la pelota azul en busca de otros escenarios. Espero que al regresar a casa me cuentes tus aventuras, las caras que recogiste en el camino, el tesoro que dejó en ti aquella desconocida, el puente bajo el que leíste tu libro favorito, el amigo fugaz del Metro, los olores y sabores que descubriste. Y que sea así, cuando haya terminado tu viaje, el que puedas elegir un lugar donde echar raíces, si eso deseas. Algún día leeremos juntos el poema “Ítaca” de Kaváfis y entonces entenderás lo que ahora escribo. Por lo pronto, hoy te regalo estas líneas, para que con ellas sepas que allá afuera existe una fuente inagotable de experiencias, que es infinita, como el amor que siento por ti. ¡Feliz cumpleaños!
Soleá del amor indiferente
Manuel Benítez Carrasco
Ni rencores ni perdón.
¡No me grites. No me llores!
¡lo nuestro ya se acabó!.
¿Rencores? ¿Por qué rencores?
¡No le da a mi señorío
guardarle rencor a un río
que fue regando mis flores!
Tú me diste los mejores
cristales de tu corriente,
y no sería decente
maldecirte por despecho
si sé que tienes derecho
a dar o a negar la fuente.
¡Debo estarte agradecido
por tu generosidad!
Tú me diste por bondad
lo que yo di por cumplido:
Me brindaste tu latido,
tu boca nunca besada,
tu carne nunca estrenada,
tus ojos siempre esperando
con dos ojeras temblando
debajo de la mirada;
me diste el primer te quiero,
que es el que más atosiga,
y llenita de fatiga
me diste el beso primero.
Y hasta que llegó a tu alero
aquel mal viento ladrón,
yo sé que tu corazón
fue mío por vez primera,
y sólo mía la acera
debajo de tu balcón.
Por eso, yo, bien nacido,
no te odio ni te aborrezco,
¡al contrario!, te agradezco
todo cuanto me has querido.
No me importa si te has ido
con tu barca hacia otro mar,
que yo no te puedo odiar
por esta mala partida;
porque odiar es en la vida
un cierto modo de amar.
No vengas ahora a mi lado
para pedirme perdón,
el perdón es la razón
de volver a lo pasado,
¡y lo pasado acabado!
¿qué pasó?… ¿por qué pasó?
¡Déjame que viva yo
sin perdón y sin rencores!
Porque por más que me llores…
¡lo nuestro ya se acabó!
[Flash 9 is required to listen to audio.]
Beautiful
Gustavo Cerati
Porque sí… porque mereces lo que sueñas
El anhelo
A veces siento que la llegada de un año nuevo es como aquel que se convierte a otra religión para borrar de su pasado todo aquello que hizo y de lo cual se siente avergonzado. En esta conversión uno promete dejar el alcohol, el cigarro, las mujeres, el chisme, la comida chatarra, el sedentarismo, en fin… todo aquello que es considerado “malo”. Al final de ese año que comenzó con tantas ganas descubre que todo sigue igual. Que le siguen gustando los pasteles, la vecina, el tabaco (solo que ahora es más caro), las vidas ajenas, sus chelas y ver la tele todo el día. En este sentido, y se que puedo estar equivocada, creo que uno debe de tener propósitos diarios y que vayan de la mano con nuestra naturaleza. Esa que siempre sale a flote por más que uno trate de hundirla. Después de tantas listas de propósitos me he dado cuenta que jamás podré ser otra persona, sólo puedo prometer crear otras versiones. Dejaré a un lado la promesa de intentar tener una relación “normal”. Puedo compartirlo todo, menos mi tiempo y eso no cambiará con la llegada de años nuevos.
El inicio del 2011 sólo me recuerda (como una alarma) que me queda un año menos de vida y que si realmente deseo algo debo ir tras de él ¡ya!… MINUTO UNO
Como sea y para no romper con la costumbre de ser complaciente: ¡FELIZ AÑO!
[Flash 9 is required to listen to audio.]
Kiss
Prince
Himno a la atracción de a buenas
[Flash 9 is required to listen to audio.]
Wear Sunscreen
Baz Luhrmann
Trust me on the sunscreen
Luciérnagas
Por la noche te deslumbran, pero al llegar el día te das cuenta que son sólo insectos voladores. El galán al que le comienzas a ver las cualidades de alguien que será un papá y proveedor ejemplar, mientras platicas con él en la barra del Frog´s; el amigo que te parece superculto y sólo ha leído tres libros o sus resúmenes en internet; la hermana mayor a quien adoras y crees que es la más inteligente y decente del planeta cuando en realidad ella vive soñando con unirse a un circo, andar con poca ropa y hacerla de trapecista. Por naturaleza tendemos a imaginar lo que anhelamos. A veces ni siquiera nos tomamos el tiempo de conocer a nuestros semejantes cuando ya los colocamos arriba de un pedestal. El que caigan de él no es responsabilidad ni del galán, ni del amigo, ni de la hermana… es problema exclusivamente de quien los idealiza y fabrica una imagen perfecta de ellos. Hay que aprender a reconocer a nuestras luciérnagas, aceptar a las personas tal y como son, y por supuesto, traer siempre un matamoscas.
[Flash 9 is required to listen to audio.]
Mellon Collie and the Infinite Sadness
The Smashing Pumpkins
Porque a mis 15 años creía que sólo Billy Corgan me comprendía
El amor, cuando se hace público, aumenta de peso, se convierte en una carga…